Durante los días de calor intenso, los gatos también sufren las altas temperaturas. A diferencia de las personas, regulan el calor corporal de manera limitada y suelen buscar superficies frescas o lugares con sombra para aliviar el calor. Por eso, cuando el ambiente se vuelve muy caluroso, necesitan ayuda extra para mantenerse cómodos y descansar mejor.

En ese contexto, poner una botella congelada cerca de la cama del gato se convirtió en un truco simple, económico y cada vez más recomendado por veterinarios y cuidadores. Actúa como una fuente de frío pasiva que ayuda a bajar la temperatura del entorno inmediato donde descansa el gato. No enfría de golpe ni genera cambios bruscos, sino que aporta frescura de manera gradual, algo clave para evitar estrés térmico.

Muchos gatos, de forma instintiva, se acercan a la botella, se recuestan cerca o apoyan el cuerpo para disipar calor. Otros simplemente se benefician del aire más fresco que se genera alrededor, sin necesidad de contacto directo. Usar botellas de plástico resistente, bien cerradas. Envolver la botella en una toalla fina o funda de tela. Colocarla cerca de la cama, no debajo ni en contacto forzado. Dejar siempre espacio para que el gato pueda alejarse si no quiere usarla. El gato debe elegir si acercarse o no. Nunca hay que forzarlo.

Con información de: El Tiempo

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