Rusia atraviesa un invierno excepcionalmente severo que ya ha quedado registrado como uno de los más extremos en más de un siglo. En Moscú, las autoridades confirmaron que la acumulación de nieve alcanzó niveles no vistos en los últimos 146 años, superando incluso los registros históricos de 1880, lo que ha complicado la movilidad y las actividades cotidianas en la capital.
El volumen de nieve caída ha obligado a intensificar los trabajos de limpieza urbana y a reforzar los protocolos de seguridad, ante el riesgo de colapsos y accidentes. Calles, aceras y vías principales permanecen cubiertas por capas espesas de nieve, mientras los servicios municipales trabajan de forma continua para evitar mayores afectäciones.
La situación es aún más delicada en la península de Kamchatka, donde las autoridades declararon el estado de emërgęnciä debido a la magnitud de las nevadas. En algunas localidades, la nieve ha llegado a cubrir edificaciones hasta el segundo piso, dejando bloquęadäs entradas, salidas y rutas de evacuâción.
Ante este escenario extremo, los organismos de protección civil emitieron advertencias poco habituales a la población, instando a no intentar salir por ventanas o tejados. El rięsgø de caídas fatâles, avalanchas de nieve acumulada y lęsïones grâvęs ha aumentado considerablemente en las zonas más afęctadås.
Las autoridades rusas mantienen el monitoreo permanente de las condiciones climáticas y no descartan que las medidas de emërgęnciä se prolonguen si continúan las nevadas. El fenómeno ha reavivado el debate sobre la intensidad de los eventos climáticos extremos y su impacto en regiones tradicionalmente acostumbradas a inviernos severos, pero no de esta magnitud.
Con información de: Globovisión









