Investigaciones recientes en el campo de la cronobiología sugieren que dejar un pie fuera de las sábanas no es solo una búsqueda de comodidad, sino una herramienta de termorregulación estratégica que ayuda al cerebro a conciliar el sueño más rápido.
La clave de este fenómeno reside en la anatomía única de nuestras extremidades. A diferencia del resto del cuerpo, los pies y las manos poseen anastomosis arteriovenosas, una red de vasos sanguíneos diseñados específicamente para disipar el calor rápidamente.
Al exponer el pie al aire fresco de la habitación, el cuerpo logra reducir su temperatura corporal central, un requisito biológico indispensable para la liberación de melatonina, la hormona responsable del sueño.
Los beneficios del «efecto radiador»:
* Inducción rápida del sueño: La caída de la temperatura corporal es la señal que el cerebro interpreta para pasar del estado de alerta al de descanso.
* Sueño más profundo: Un cuerpo fresco mantiene ciclos de sueño REM más estables, evitando micro-despertares por exceso de calor.
* Equilibrio térmico: Permite mantener el cuerpo bajo el confort de las sábanas sin sobrecalentar los órganos internos.
«El cuerpo necesita bajar su temperatura aproximadamente un grado para entrar en modo de descanso», explican expertos en medicina del sueño. «Al no tener vello y estar llenos de sensores vasculares, los pies actúan como el radiador perfecto para liberar ese excedente térmico».
Un truco sencillo para el insomnio leve
Para quienes luchan por dormir en climas cálidos o sufren de metabolismo acelerado, este «truco» natural se perfila como una alternativa sencilla y sin coste frente a otras ayudas para dormir. La ciencia es clara: si quieres que tu cerebro se apague, primero debes enfriar tu cuerpo.
El estudio de la termorregulación y el ritmo circadiano sigue siendo un pilar fundamental para entender los trastornos del descanso y mejorar la higiene del sueño a nivel global.
Con información: @noticiasn16









