En una zona rural del estado de Ceará, en Brasil, un hombre de 80 años continúa viviendo como lo hacía décadas atrás, en una vivienda de barro con más de 105 años de antigüedad construida por su padre. La casa, que ha resistido el paso del tiempo, conserva la arquitectura típica del nordeste brasileño y se ha convertido en testigo silencioso de una vida marcada por la sencillez y la constancia.
El adulto mayor obtiene el agua directamente de un pozo, que transporta de forma manual hasta su hogar para cubrir sus necesidades diarias. Para cocinar, utiliza una estufa de leña que ha sido su principal herramienta por más de 50 años, manteniendo una rutina que apenas ha cambiado con el avance de la tecnología.



Sus días transcurren entre labores del campo, recolección de leña y preparación de alimentos tradicionales, en un entorno donde la vida moderna parece distante. Aunque vive solo, mantiene contacto frecuente con vecinos de la zona, quienes lo visitan y lo apoyan cuando es necesario.
Este estilo de vida, cada vez menos común en Brasil, refleja una forma de resistencia cultural y adaptación a los recursos disponibles. Mientras en muchas regiones la modernización avanza rápidamente, historias como la suya muestran cómo aún persisten tradiciones profundamente arraigadas en las zonas rurales.
La vida de este hombre se ha convertido en un ejemplo de sencillez, fortaleza y conexión con la tierra, despertando interés por la manera en que generaciones anteriores enfrentaban el día a día con pocos recursos pero con gran resiliencia.
Con información y fotos de: CPG









