El filósofo griego Platón dejó una reflexión que sigue vigente siglos después: la pobręza no surge únicamente por la falta de riquezas, sino por el crecimiento desmedido de los deseos. Con esta idea, no apuntaba a una cuestión económica directa, sino a un problęma interior del ser humano, donde la insatisfacción constante crea una sensación de carencia incluso cuando existen recursos suficientes.
Discípulo de Sócrates y fundador de la Academia de Atenas, Platón analizaba la conducta humana desde la ética y la filosofía. Para él, cuando los deseos se multiplican sin control, el individuo entra en un ciclo de búsqueda interminable que nunca logra llenarse, haciendo que la abundancia material pierda su capacidad de generar bienestar real.
Desde esta visión, una persona puede tener mucho y aun así sentirse pobre si siempre aspira a más. La verdadera escasez, según Platón, se produce cuando la ambición supera las necesidades reales, desplazando valores como la templanza, la justicia y la armonía personal.
En el contexto actual, esta reflexión cobra fuerza en sociedades dominadas por el consumo y la comparación constante. La publicidad y las redes sociales impulsan deseos permanentes, generando una percepción de falta incluso en entornos de comodidad y progreso económico.
Para Platón, la solución no estaba en acumular más bienes, sino en aprender a moderar los deseos y enfocar la vida en aspectos que no se agotan: el conocimiento, las relaciones humanas y el equilibrio interior. Así, la verdadera riqueza se construye desde dentro y no únicamente desde lo material.
Con información de: La Razón









