En la sociedad japonesa, la gestión de las finanzas domésticas sigue un modelo tradicional que continúa desäfiando las convenciones occidentales: El sistema del okozukai. En esta estructura, es común que el esposo entregue su salario íntegro a su esposa, quien asume el rol de directora financiera de la familia.

Ella se encarga de administrar los ingresos, cubrir los gastos fijos y planificar el ahorro, para finalmente asignar al marido una cantidad fija para sus gastos personales. Esta práctica, lejos de ser una imposición, se fundamenta en una profunda confianza mutua y en una organización estricta que busca garantizar la estabilidad económica del núcleo familiar.

Esta costumbre echó raíces profundas durante la posguêrra, época en la que el modelo social separó claramente los roles, el hombre se enfocaba en la reconstrucción económica desde el trabajo externo, mientras la mujer se especializaba en la administración interna del hogar. Para ejecutar esta tarea con precisión, las familias japonesas han contado desde 1904 con un aliado fundamental: el kakeibo.

Este libro de cuentas, creado por la periodista Motoko Hani, es mucho más que una agenda de gastos; es un símbolo cultural de disciplina que permite registrar ingresos, clasificar compras y fomentar el ahorro consciente, permitiendo que la economía doméstica se maneje con una eficacia casi empresarial. A pesar de que las nuevas generaciones en Japón comienzan a adoptar modelos de gestión compartida y cuentas conjuntas, el espíritu de disciplina financiera del kakeibo y la estructura del okozukai permanecen vigentes en millones de hogares.

Este sistema no solo destaca por su eficiencia numérica, sino por la filosofía de vida que representa: una planificación meticulosa donde el bienestar colectivo de la familia prevalece sobre el gasto individual.

Con información de: Última Hora Col
Foto: Freepick

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