En 1962, el británico Brendon Grimshaw realizó una compra poco común: adquirió la isla Moyenne, un pequeño terreno deshabitado del archipiélago de las Seychelles, por alrededor de 10 000 dólares. Por aquel entonces, la isla estaba erosionada, prácticamente sin vegetación y descartada por los inversionistas turísticos debido a su aparente falta de valor económico.
Lejos de ver eso como un obstáculo, Grimshaw, acompañado por su amigo René Antoine Lafortune, emprendió un proyecto de regeneración ecológica sin precedentes. A lo largo de décadas, trabajaron sin descanso para abrir senderos, reintroducir especies nativas y plantar más de 16 000 árboles por toda la isla, restaurando gradualmente el equilibrio de su suelo y creando un ecosistema vibrante desde cero.
Gracias a esta reforestación deliberada y meticulosa, la fauna regresó de forma natural: aves, reptiles y tortugas gigantes terrestres, ahora frecuentes en la isla, encontraron un hábitat restaurado que favorece la biodiversidad. El éxito ecológico de este esfuerzo personal transformó la isla en un ejemplo inspirador de conservación ambiental.
A pesar de recibir múltiples ofertas multimillonarias de inversionistas interesados en desarrollar proyectos turísticos o comerciales en Moyenne, Grimshaw rechazó cada una de ellas. Para él, vender la isla significaba sacrificar décadas de trabajo y poner en riesgo la integridad del santuario natural que había ayudado a crear. Su compromiso con la preservación fue absoluto hasta el final de su vida.
Tras su müęrtë en 2012, la isla Moyenne se incorporó al Parque Nacional Marino de Seychelles, lo que garantiza su protección legal cönträ la explõtación económica. Hoy, este santuario ecológico puede ser visitado por quienes respetan su riqueza natural, y el legado de Grimshaw sigue vivo en cada árbol y en cada especie que volvió a encontrar hogar allí.
Con información de: Xataka









