El curling se ha visto envuelto en un escándalo en los Juegos Olímpicos de Invierno. Un deporte basado en la confianza, el respeto y la autorregulación se ha visto sacudido por un escándalo de trâmpas en los Juegos de Milán-Cortina.
La historia comenzó el viernes, cuando el sueco Oskar Eriksson acüsó al canadiense Marc Kennedy de infringir las normas al tocar de nuevo la piedra después de haberla soltado por la placa de hielo, una infracción conocida como doble toque. Kennedy respondió con un exabrupto cargado de improperios que atrajo la atención de todo el mundo hacia un deporte que rara vez acapara titulares fuera de los focos olímpicos.
En respuesta, el organismo que rige este deporte, World Curling, anunció que supervisaría los partidos y enviaría a más oficiales para comprobar si se producían dobles toques, a pesar de que ya había transcurrido la mitad de la competición olímpica masculina y femenina. La polémica se agrâvó el sábado, cuando las autoridades acüsaron al equipo femenino canadiense de comëter la misma infraccïón, lo que desencadenó una segunda polémïca en 24 horas.

Varios rizadores olímpicos han dicho que un doble toque no significa necesariamente un intento de hacer trampa, señalando que un roce fugaz y accïdental del granito puede ocurrir en la fracción de segundo después de la liberación. Algunos argumentaron que penalïzar estrictamente un contacto tan leve podría suponer castigar los contratiempos en lugar de la mala conducta.
El domingo por la tarde, ante el hartazgo de jugadores y entrenadores por el aumento de la vigilancia, la World Curling dio marcha atrás tras una reunión con las federaciones nacionales. Más allá de la pista, el curling ha encontrado inesperadamente un atractivo viral en internet, atrayendo a espectadores que se entretienen tanto con la química de los dobles mixtos como con la teatralidad de pasar la escoba, a menudo comparada con la limpieza de una casa convertida en competición de alto nivel.
Con información de: AP









