Muchas personas se han preguntado por qué algunos enchufes eléctricos tienen dos pequeños agujeros cerca de las puntas metálicas de sus clavijas. Aunque a simple vista pueden parecer un detalle sin importancia, ese diseño tiene propósitos prácticos y técnicos que van más allá de lo decorativo.

El diseño original de las clavijas con dos agujeros se remonta a principios del siglo XX, cuando el inventor Harvey Hubbell II patentó un enchufe desmontable. Desde entonces, estos orificios han servido principalmente para que las terminales se fijen con mayor seguridad en el tomacorriente, evitando desconexiones accidentales por el peso del cable o movimientos involuntarios. Esta sujeción adicional contribuye a una conexión más estable y segura.

Más allá de mejorar la estabilidad, esos agujeros también facilitan procesos de fabricación. Permiten sujetar las clavijas mientras se moldea el cuerpo plástico del enchufe y ayudan a asegurar que cada pieza esté correctamente ensamblada, lo que reduce errores durante la producción.

Además, esos orificios pueden usarse para otras funciones útiles: en algunos casos sirven para colocar candados o dispositivos de bloqueo que impiden el uso no autorizado de un enchufe, y en ciertos entornos técnicos permiten pruebas o conexiones especiales sin necesidad de usar un tomacorriente convencional.

Con información de: Cronista

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