Los robots humanoides se han convertido en uno de los desarrollos tecnológicos más comentados del momento, tras recientes demostraciones que mostraron movimientos coordinados y un alto nivel de estabilidad. Estas exhibiciones, protagonizadas por modelos desarrollados por empresas como Unitree Robotics y Boston Dynamics, han generado expectativas sobre su posible incorporación a entornos industriales y productivos.
Especialistas en robótica coinciden en que, aunque los avances en movilidad, equilibrio y coordinación visual son significativos, muchas de estas demostraciones se realizan en condiciones controladas. Superficies estables, rutinas previamente programadas y ausencia de obstáculos reales permiten un rendimiento que todavía resulta difícil de replicar en escenarios laborales complejos y cambiantes.
En el caso de España, el uso de robótica avanzada ya comienza a consolidarse en sectores como la logística y la industria, aunque mayormente a través de sistemas no humanoides. Estos robots están siendo empleados para tareas repetitivas y de alto esfuerzo físico, lo que permite reducir riesgos laborales y reorientar el trabajo humano hacia labores de supervisión y control.
El debate entre expertos se centra en la utilidad real de los humanoides frente a soluciones más específicas y económicas. Mientras algunos consideran que su complejidad y costo limitan su adopción, otros sostienen que su diseño similar al humano podría facilitar su integración en espacios ya existentes sin necesidad de modificar infraestructuras.
Pese al entusiasmo, persisten desafíos clave como la autonomía energética, la seguridad, la adaptación a entornos impredecibles y la regulación legal. Por ahora, los robots humanoides continúan en una etapa de transición: han dejado de ser solo una curiosidad tecnológica, pero aún no se posicionan como una herramienta cotidiana dentro de la industria.
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