En el BioParque do Rio, en Brasil, los días de temperaturas extremas activan un protocolo particular: la distribución de helados y alimentos congelados diseñados según la dieta de cada especie. La iniciativa apunta a reforzar la hidratación y mitigar el impacto del calor en los animales, al tiempo que promueve conductas naturales a través del juego. El predio, de 50.000 metros cuadrados y ubicado en la Quinta de Boa Vista, implementa estas acciones como parte de sus políticas de bienestar animal, según explicaron especialistas de la institución.

Cortesía: Reuters

Cuando el termómetro llega a temperaturas que rondan los 40 grados un escenario cada vez más frecuente en Río de Janeiro durante el verano los cuidadores adaptan la rutina de los ejemplares con estrategias específicas de enriquecimiento ambiental. Los grandes mamíferos carnívoros, como los jaguares y el lobo guará, reciben bloques congelados de carne molida o sângre. En cambio, los primates y el oso de anteojos acceden a preparaciones frías a base de frutas frescas y melón.

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Según explicó la bióloga de bienestar Leticia Feitosa en declaraciones a EFE, se trata de una actividad destinada a proporcionar alivio térmico durante los días más calurosos. Los técnicos del parque definen estas prácticas como enriquecimiento ambiental: intervenciones que buscan estimular los comportamientos propios de cada especie, introducir nuevos estímulos y romper la monotonía de la vida en cautiverio. Además de los alimentos congelados, los recintos cuentan con zonas de sombra, espacios soleados para que los animales puedan elegir, y piletas en el caso de aquellas especies que las utilizan.

Los especialistas describen esta dinámica como comportamiento lúdico, ya que combina juego y estimulación cognitiva. La técnica también favorece la hidratación de manera indirecta: al interactuar con el agua y los elementos fríos, el animal incrementa su ingesta de líquido, un factor clave para su salud en contextos de calor intenso. Desde el BioParque subrayan que estas medidas forman parte de una adaptación más amplia ante los desafíos del cambio climático, que intensifica y vuelve más frecuentes los episodios de calor extremo en la región. En ese contexto, el enriquecimiento ambiental no solo cumple una función recreativa, sino también sanitaria y preventiva.

Con información de: EFE

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