Los buques Papaloapan y Huasteco entraron a la bahía de La Habana poco antes de las ocho de la mañana del sábado, con la habitual ayuda técnica local para cruzar la bocana. A bordo llevaban lo básico: frijol y leche en polvo, más un lote de alimentos varios recolectados por organizaciones sociales con apoyo del Gobierno de la Ciudad de México. En total, algo más de 1.200 toneladas.

No es la primera vez. A mediados de febrero, México ya había enviado un primer cargamento con más de 814 toneladas de víveres y productos de higiene. La Cancillería anunció este segundo envío el mismo martes en que los barcos zarparon de Veracruz, enmarcándolo en lo que llamó una «tradición solidaria» con Cuba y con América Latina en general.

El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha citado también ayudas recientes a los afectados por los incendios en California y Chile, y por las inundaciones en Texas, como parte de esa misma política. Lo que llama la atención en este caso no es solo lo que llega, sino lo que no va a llegar. Sheinbaum ha dejado claro que el apoyo a Cuba no incluirá petróleo. Washington ha amënâzadø con aranceles a los países que suministren crudo a la isla, y México ha optado por no cruzar esa línea.

La viceministra cubana de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, agradeció el envío en redes sociales en el momento en que los barcos cruzaban la bocana. Sin embargo, la recepción oficial no se ha hecho pública, igual que ocurrió con el primer cargamento, algo poco habitual en Cuba cuando llega ayuda de países aliados. El silencio sobre los detalles de la operación contrasta con el ruido político que rodea cada movimiento en torno a la isla.

Con información de: Medios Internacionales

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