Bajo el sol radiante del llano venezolano, Elorza se consagra una vez más como la capital folclórica de la nación, reafirmando su sitial como el epicentro de la identidad llanera. Custodiada por el imponente río Arauca, esta tierra de leyendas se convierte en el escenario donde el arpa, el cuatro y las maracas marcan el pulso de una festividad inquebrantable.
El ministerio de Turismo, destacó en una publicación que esta celebración no solo exalta la música, sino que envuelve a propios y visitantes en una atmósfera de tradición pura que define el sentir de un pueblo orgulloso de sus raíces, en su escrito en redes sociales añaden que el zapateo firme de las alpargatas resuena en cada calle del municipio, donde cientos de bailadores rinden un vibrante tributo a San José a través de la fuerza del joropo.
Este año, la festividad destaca por integrar la invaluable destreza de los artesanos de las etnias Pumé y Jivi, cuyas creaciones añaden un profundo valor ancestral a la celebración. Esta conexión entre el pasado indígena y el presente criollo permite que la festividad trascienda el tiempo, convirtiéndose en un puente cultural que protege la historia viva de la región.
En cada rincón del denominado «pueblo más criollito del mapa», se respira un ambiente de fe y fervor nacional que parece fortalecerse con el eco eterno de las composiciones de Eneas Perdomo. Las fiestas de Elorza representan mucho más que un evento regional; son el reflejo vivo de un país que custodia su patrimonio con pasión y convicción.
Con información de: Ministerio de Turismo
Foto: Ministerio de Turismo









