Hace ya un buen tiempo Ricardo Montaner dejó de ser un artista de moda para convertirse en uno de los intérpretes clásicos del género romántico, toda una leyenda. Sus temas acompañan a públicos de todas las edades y por eso, no fue extraño que en el último concierto que ofreció en Bogotá, este 9 de abril, los asistentes fueran de edades variadas.

Desde jóvenes adolescentes hasta adultos mayores cercanos a los 70 años corearon sus canciones hasta conmover al artista, que pareciera, por sus gestos después de cada canción, no creer tanta admiración. El concierto comenzó antes de las 8:30 con el caleño Josefe, un joven que ya hace parte de Los Montaner y trabaja detrás de bambalinas con la famosa familia y mostró cuatro de sus canciones.

Con piano, guitarra y trompeta dejó muy claro por qué desde que llegó a Miami cautivó la atención de Ricardo, que le permitió abrir sus shows en Bogotá. Sobre las 9 de la noche y con una orquesta de una docena de músicos apareció Ricardo Montaner. Enfundado en un esmoquin negro y con sus ya habituales tenis blancos comenzó un recorrido musical.

Interpretó el tema que le da el nombre al tour y luego, explicó que hubo algunos presentes de la noche anterior que se quejaron porque no cantó temas que esperaban, así que decidió hacer una especie de popurrí para satisfacer a todos, incluidos los inconformes que estaban nuevamente en el recinto. Así invitó a su público a “un viaje lleno de emociones” y romance.

Montaner sacó un momento para hablar de sus orígenes. De cuando tenía 8 años y su familia salió de Buenos Aires rumbo a Caracas y luego a Macacaibo. De lo que sintió cuando lo arrancaron de su terruño y tuvo que cambiar el fútbol por el beisbol, pero también de cómo ese abrazo en Venezuela pronto lo hizo sentirse a gusto en la tierra en la que se convirtió en una estrella de la canción.

Con información de: Vea

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