La idea de que el mes de nacimiento puede influir en la inteligencia de los niñøs ha ganado atención en estudios recientes, aunque los especialistas aclaran que no se trata de una relación directa. En realidad, el fenómeno está vinculado a un concepto conocido como efecto de la edad relativa, que explica diferencias en el desarrollo durante los primeros años escolares.

Este efecto se produce porque en muchos sistemas educativos los niñøs se agrupan por año de nacimiento, lo que genera diferencias de hasta casi doce meses entre compañeros de clase. Esa brecha, especialmente en edades tempranas, puede traducirse en distintos niveles de madurez, atención y habilidades cognitivas.

Algunos estudios han observado que los niños nacidos en determinados meses pueden mostrar mejor rendimiento académico en etapas iniciales. Sin embargo, los expertos coinciden en que esto no implica mayor inteligencia, sino una ventaja temporal relacionada con el desarrollo evolutivo en comparación con sus pares.

También se ha detectado que estos efectos pueden cambiar con el tiempo. En ciertos casos, quienes comienzan en desventaja terminan desarrollando habilidades adicionales al enfrentarse a mayores exigencias desde temprana edad. A largo plazo, las diferencias tienden a equilibrarse.

La evidencia científica es clara en un punto: factores como la educación, el entorno familiar y la estimulación tienen un impacto mucho más determinante en el desarrollo intelectual que la fecha de nacimiento. El mes en que nace un niño puede influir en sus primeros años, pero no define su capacidad ni su futuro.

Con información de: La Razón

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