A mediados del siglo XX, la idea de «vocación» era inexistente para la mayoría de los jóvenes. Incorporarse al mundo laboral a temprana edad no era una elección personal, sino una respuesta directa y obligatoria ante las graves necesidades económicas de las familias.
En aquella época, el acceso a la educación secundaria representaba un privilegio exclusivo de las clases adineradas. En los sectores rurales, los niños se veían obligados a abandonar la escuela para trabajar en el campo, la ganadería o pequeños negocios familiares.

A pesar de la dureza, esta realidad forjó en estas generaciones una enorme cultura de resiliencia y esfuerzo. No obstante, las mujeres sufrieron la peor parte debido a normas sociales rígidas que las confinaban casi exclusivamente al cuidado del hogar.
En conclusión, la psicología demuestra que el empleo temprano en los años 50 y 60 fue un asunto de supervivencia. La estructura social y económica de la época obligaba a madurar antes de tiempo, dejando las aspiraciones personales en último plano.
Con información de Ok Diario









