El Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) de Chile dio a conocer este miércoles que, tras un exhaustivo monitoreo en el canal Beagle el primero de su tipo realizado en esta zona austral de Sudamérica desde 2008, no se hallaron pruebas de que el virüs de la influenza aviar esté circulando activamente en la ruta de las aves migratorias.
Este estudio, que ha sido publicado en la prestigiosa revista Anales del Instituto de la Patagonia, arrojó conclusiones que el CHIC ha calificado bajo el término de «tranquilidad vigilante». Este panorama resulta alentador frente a la alertâ global por la propagación de la enfermedäd, la cual ha golpeadö fuertemente a la fauna del hemisferio sur e incluso llevó a Australia a registrar en junio pasado el primer caso de virus H5 de su historia en un ave marina migratoria.
La investigación se llevó a cabo gracias a una alianza científica entre la Escuela de Medicina Veterinaria de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) y el CHIC centro ligado a la Universidad de Magallanes. Las labores se coordinaron desde Puerto Williams, la localidad más austral del planeta, situada dentro de la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos.
Durante el proceso, los expertos analizaron un total de 352 muestras biológicas tomadas de aves silvestres a lo largo de las temporadas de reproducción de 2024 y 2025, resultando todas negativas. Únicamente un examen recolectado en enero de 2024 en la península de Punta Gusano (Región de Magallanes y de la Antártica Chilena) mostró una señal «débilmente positiva», aunque la baja carga viral impidió determinar con precisión de qué subtipo se trataba.
Desde hace un bienio, el CHIC emplea tecnología de antenas de rastreo para hacer seguimiento a los desplazamientos de estas especies. Este método, combinado con los análisis patológicos, permite vigilar la introducción de enfermedadës en una zona que, por su proximidad al continente blanco, se considera estratégica.
«Monitorear los extremos latitudinales es clave, porque con el cambio climático las especies se desplazan hacia los polos. Tener este centinela en Cabo de Hornos nos permite anticipar lo que ocurre en las rutas que conectan toda América con la Antártida», apuntó Ricardo Rozzi, director de Investigación del CHIC.
La magnitud del virus en la región ha sido severa desde la crisïs desatada en 2023. En Sudamérica se estima que han perecido más de 24.000 lobos marinos. Específicamente en Chile, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) ha documentado el deceso de más de 94.000 aves silvestres, de las cuales solo una pequeña fracción (282 casos) ocurrió en el territorio de Magallanes.
Para concluir, Pedro Jiménez, docente de la UC e investigador asociado al CHIC, recalcó el valor de estas iniciativas: «Generar y mantener sistemas de alertä temprana es fundamental para anticiparse por semanas a un bröte y dar aviso oportuno para reforzar la bioseguridad».
Con información de Noticias Venevision.









