Las olas de calor no solo transforman el ambiente durante las horas del día, sino que también generan serios problemas cuando llega la noche. A medida que el cambio climático provoca un aumento constante de las temperaturas globales, las jornadas calurosas suelen dar paso a noches sofocantes donde el aire fresco apenas aparece.

Un desafío para la regulación del organismo

El cuerpo humano necesita reducir su temperatura interna para poder quedarse dormido y mantener la continuidad del reposo durante la noche. Cuando el ambiente de la habitación supera los niveles ideales, que los expertos ubican en torno a los diecinueve grados Celsius, el cerebro enfrenta serias dificultades para iniciar las etapas de descanso más profundas.

En lugar de relajarse, el organismo se ve obligado a trabajar de más para liberar calor a través del sudor y la circulación, lo cual eleva el pulso y mantiene a la persona en un estado de alerta constante.

Esta falta de sueño reparador provoca consecuencias inmediatas al despertar, como fallas en la concentración, cambios de humor, dolor de cabeza y un rendimiento bajo en las actividades cotidianas. La pérdida acumulada de horas de descanso a largo plazo favorece la aparición de problemas más severos, entre los que destacan enfermedades del corazón, hipertensión y el debilitamiento del sistema de defensas.

Los sectores más vulnerables ante este fenómeno son las personas mayores, los niños y quienes habitan en viviendas con mala ventilación o sin acceso a sistemas de enfriamiento. Para mitigar estos efectos, los especialistas recomiendan mantener las habitaciones a la sombra durante el día, cenar alimentos ligeros, tomar agua constantemente y evitar las pantallas electrónicas antes de ir a la cama.

Con información de: Variedades

Fotografía portada cortesía: Getty Images- Phira Phonruewiangphing

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