La venerada imagen de Nuestra Señora del Valle llegó al continente americano en 1525, desembarcando en la isla de Cubagua dentro de la naciente ciudad de Nueva Cádiz, primer asentamiento fundado en América del Sur.

La efigie de la Purísima fue traída por los pobladores locales tras recibir la categoría de ciudad por parte del emperador Carlos V debido a su intensa actividad perlífera. Investigaciones arqueológicas en el área han confirmado la localización de los cimientos de la ermita de Nuestra Señora de la Concepción, considerada el primer templo y edificio público levantado en esa región.

A finales de 1541, intensas lluvias y deslaves afectaron severamente a la próspera localidad insular, lo que motivó el traslado masivo de sus habitantes hacia la vecina isla de Margarita. De acuerdo con la historiadora Grecia Salazar, la creencia popular sobre el supeditado hundimiento de la ciudad es falsa, aclarando que los pobladores migraron llevando consigo la imagen religiosa hasta la zona del Valle. Con el paso del tiempo, el fervor popular simplificó la denominación del culto como «la Virgen del Valle», nombre posteriormente ratificado por la autoridad eclesiástica.

A pesar de las variadas versiones de la tradición oral respecto a su trayecto definitivo, la imagen de la Patrona del Oriente venezolano se consolidó como uno de los mayores símbolos de fe en el país. Cada mes de septiembre, miles de devotos y peregrinos se congregan en el estado Nueva Esparta para renovar sus promesas y rendir homenaje a la advocación mariana.

Foto cortesía Envato

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