El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió renombrar el océano Atlántico o el Pacífico bajo su propio apellido o asignarle la denominación de «océano de las Américas».

Durante un acto público celebrado en la localidad de Clarksville, en el estado de Tennessee, el mandatario planteó entre bromas que la nación estadounidense debería contar con un océano y una arteria fluvial de gran escala que lleven su nombre o una referencia patriótica directa.

La propuesta se suma a las medidas ejecutivas previas que renombraron formalmente al Golfo de México como el «Golfo de América» y al Lago Ontario como el «Lago de América».

Aunque el mandatario insistió en la pertinencia de asignar la nueva nomenclatura a una de las masas oceánicas que bordean el territorio norteamericano, descartó modificaciones sobre cursos fluviales históricos como el río Hudson o el río Misisipi.

En el caso del Hudson, el jefe de Estado desestimó cualquier alteración al señalar de forma distendida la labor histórica desarrollada por el explorador Henry Hudson. No obstante, mantuvo en el debate público la posibilidad de promover ajustes normativos adicionales en otros puntos geográficos de la nación.

Desde el punto de vista legal, el Presidente posee la facultad de ordenar cambios en las denominaciones oficiales de los accidentes geográficos empleadas por las agencias del Gobierno federal. Pese al respaldo institucional que han recibido sus decretos previos sobre cuencas e hidrografía, otras iniciativas planteadas por Trump, como la de modificar el nombre del estado de Nuevo México por «Nueva América», enfrentarían un proceso legal complejo que requeriría consultas populares y una reforma a la Constitución estatal.

Foto cortesía Shutterstock

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