La sémola de trigo duro, obtenida de la molienda gruesa de este cereal, se consolida como un ingrediente estrella gracias a su textura granulada y su excepcional perfil nutricional. A diferencia de las harinas finas refinadas, este alimento aporta carbohidratos complejos que liberan glucosa de manera gradual en el organismo, convirtiéndose en el combustible perfecto para afrontar jornadas exigentes o entrenamientos deportivos prolongados.

Este versátil ingrediente cuenta con un legado histórico fascinante que se remonta al Antiguo Egipto, Grecia y la Roma Imperial hacia el año 400 a.C., donde constituía un pilar fundamental en la dieta diaria. Posteriormente, en el norte de África se perfeccionó la técnica para crear el cuscús, facilitando su conservación en travesías, mientras que en la Edad Media regiones como Sicilia y Nápoles adoptaron la sémola como la base idónea para elaborar y secar pastas gracias a su sólida estructura de gluten.

Especialistas en nutrición destacan que la estructura de la sémola de trigo duro favorece una digestión más lenta del almidón, previniendo los picos bruscos de azúcar y garantizando energía duradera. Gracias a estas propiedades y a la evolución de los procesos de molienda desde el siglo XIX, este alimento sigue siendo un aliado insustituible tanto para deportistas como para quienes buscan un rendimiento óptimo en sus actividades cotidianas.

Noticias 24 horas / Fabiana Almeida

Foto cortesía Envato

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