De niña, en Venezuela, le encantaban los aviones, y de grande ya quería trabajar para las grandes compañías de aeronáutica.

Pero una investigación para Virgin Galactic y un proyecto de microgravedad en el Centro Espacial Johnson, en Estados Unidos, fueron “las señales” que la acercaron a la carrera y la industria donde ejerce actualmente: la ingeniería aeroespacial.

Su madre, una ingeniera industrial oriunda de El Salvador, y su padre, un piloto naval venezolano retirado, fueron testigos (por televisión) del alunizaje del Apolo 11 en 1969 y siempre la alentaron en el estudio de las ciencias.

Y ese empuje dio resultados. Ahora Nathalie Quintero trabaja en el proyecto Space Launch System (SLS) de la NASA, el cohete más grande cuya misión es regresar a la Luna e ir a Marte.

A sus 28 años, ella es la huella venezolana del programa Artemis, que pretende llevar a la primera mujer a pisar nuestro satélite y mucho más allá, contribuyendo en la nueva era de los vuelos espaciales.

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Biografía

En 2011 llegó a la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, un campus residencial en Daytona, Florida, importante en carreras de artes, ciencias, aviación, negocios e ingeniería relacionados con la industria aeronáutica.

Antes de egresar de la institución estadounidense, tuvo la oportunidad de hacer pasantías en The Boeing Company, una de las compañías más importantes de la industria aeronáutica y una de las aliadas de la NASA en el programa Artemis.

—En el 2011, la compañía donde trabajo (Boeing) era reconocida en la aeronáutica y los compañeros de estudio deseaban, igual que yo, trabajar para estas grandes empresas que hacen los aviones. Pero recuerdo que mi primer acercamiento a la parte espacial fue en ese año, cuando me tocó hacer una investigación sobre lo que era Virgin Galactic. Me acuerdo de que fue mi primera vez investigando sobre eso, un avión que a la vez era una nave espacial a la que iban a implementar una tecnología llamada “feathered flight”, o un vuelo de pluma, que se lanza como un cohete y va aterrizando poco a poco, como si fuera una pluma que cae por la fuerza de gravedad.
Así fue como pasó de la aeronáutica a lo aeroespacial.

Después de eso, Nathalie estuvo involucrada en un proyecto de investigación sobre la microgravedad, entre la Universidad Embry-Riddle y la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, para entender los efectos de las largas estancias espaciales en la córnea humana por medio del “Vomit Comet”, un avión de microgravedad simulada del Johnson Space Center de la NASA.

—El avión sube y baja en varias parábolas. Básicamente, en cada parábola que sube y cuando va en picada, ahí es donde la gente se eleva y por unos 18 segundos en cada parábola, tú sientes que está flotando. Yo sentí como si estuviera en una piscina, pero no hay agua a tu alrededor. Y eso me despertó una emoción por lo que estaba estudiando, y más aún por la industria del espacio.

En 2015, Nathalie obtuvo su licenciatura en Ingeniería aeroespacial de la Embry-Riddle y, en 2019, una maestría en Ingeniería de sistemas de la Universidad de Cornell.

Gracias al networking, en 2016 su perfil llegó a las manos indicadas y, luego de las pasantías, comenzó a trabajar oficialmente a tiempo completo como ingeniera de sistemas en The Boeing Company, para el proyecto SLS de la NASA.

Con información de Historiasquelaten.com

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