Las cejas perfectas ya no se miden por lo rectas o gruesas que sean, sino por cómo interpretan la textura y movimiento del pelo natural. Si pensabas que el microblading era el rey inamovible de los retoques semipermanentes, prepárate: hay una nueva tendencia en la ciudad, y se llama hairstrokes.

El microblading tradicional utiliza un lapicero metálico con cuchillitas para hacer microcortes superficiales en la piel e insertar pigmento en cada corte. En cambio, el hairstroke no hace cortes. Se apoya en una microaguja que entra y sale de la piel a 90 grados realizando puntillismo. Eso permite implantar el pigmento justo en la capa basal, sin cørtar, y crear variaciones de textura, color y grosor. El resultado es mucho más realista, como si los pelitos auténticos de tus cejas hubieran sido simplemente potenciados con un arte delicado.

Cortesía: @microbladingculiacan

Y si te estás preguntando cuál dura más, la respuesta corta es: ambas duran lo mismo. Valentina lo aclara sin rodeos: «La gente piensa que el hairstroke dura menos, pero eso es un error. Tanto el microblading como el hairstroke son micropigmentación, y su duración depende más de cómo se implanta el pigmento que de la técnica en sí». El verdadero problema, añade, es que a veces los pigmentos se implantan demasiado profundo o muy superficialmente, y eso altera su permanencia.

Si hay algo que distingue al hairstroke es que no agrede la piel con cortes. Esto no solo suena bien, sino que reduce la lesïón y la inflamâción, especialmente en pieles sensibles. Según Valentina, es una técnica que cuida la piel y favorece una recuperación más calmada post-tratamiento.

Con información: La Vanguardia

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