Hace casi 2.000 años, una erupci0n v0lcánica hundió Aenaria.
Hoy, nuevas excursiones y excavaciones submarinas están reflotando la fascinante historia de Isquia, una isla volcánica del mar Tirreno situada en la región italiana de Campania.
Acantilados escarpados emergen de las olas; vacacionistas y vecinos toman el sol en el puente que conduce al Castillo Aragonés, una fortificación medieval de 2.500 años de antigüedad construida en un islote que se une a la isla como la cola de una ballena.
Isquia es la isla más grande del archipiélago napolitano y está dividida en seis municipios: Isquia, Casamicciola Terme, Lacco Ameno, Forio, Serrara Fontana y Barano d’Ischia, administrativamente situados en la provincia de Nápoles.
A diferencia de la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. —documentada por Plinio el Joven horas antes de que devastara Pompeya—, no existen registros de la explosión y se ha escrito muy poco sobre el asentamiento en sí.
Durante casi 2.000 años tampoco hubo rastro físico de ella. Las ruinas permanecieron sumergidas en la bahía de Cartaromana, ocultas durante siglos bajo capas de sedimentos y material volcánico.
Los primeros indicios de su existencia se remontan a 1972, cuando dos buceadores encontraron fragmentos de cerámica de la época romana y dos lingotes de plomo en la costa oriental de Isquia.
El hallazgo intrigó a los arqueólogos, pero la investigación subsiguiente, dirigida por el sacerdote local Don Pietro Monti y el arqueólogo Giorgio Buchner, no arrojó resultados.
Las autoridades acordonaron la bahía. El caso permaneció en suspenso durante casi 40 años.
En 2011, apasionados navegantes locales reabrieron la exploración, esta vez excavando el fondo marino.
Pronto confirmaron que a dos metros bajo el lecho volcánico de la bahía se encontraban las ruinas de un enorme muelle de la época romana. Excavaciones posteriores encontraron monedas, ánforas, mosaicos, villas costeras y los restos de madera de un barco.
Durante siglos, Aenaria existió a medio camino entre la historia y el mito. Hoy, su redescubrimiento está transformando la historia de Isquia y ofrece a los viajeros cada verano la excepcional oportunidad de sumergirse en un fragmento de historia que se creía perdido en el mar.









