En el distrito de Karur, al sur de la India, amas de casa como Divya han encontrado un modelo de empleo emergente alimentando sistemas de inteligencia artificial desde sus hogares.
Equipada con un teléfono móvil sujeto a la cabeza para registrar sus tareas en primera persona, la mujer filma labores cotidianas como cortar verduras o limpiar para convertirlas en insumos de entrenamiento tecnológico. De acuerdo con un reportaje de la BBC, las empresas desarrolladoras remuneran el material aprobado a una tarifa promedio de 16 reales por hora de grabación válida.
El proceso de recolección de datos exige rigor técnico y adaptación de las rutinas domésticas habituales. Divya explica que filmar la ejecución de los quehaceres duplica el tiempo empleado en cada labor y requiere superar filtros de calidad, lo que deriva en la aprobación de entre dos y dos horas y media por cada cuatro horas filmadas.
Estos registros visuales son procesados por algoritmos de visión por computadora para enseñar a robots inteligentes a reconocer objetos, replicar patrones de movimiento e interactuar de forma autónoma en entornos impredecibles.
Más allá del ámbito tecnológico, este tipo de tareas ha comenzado a transformar la independencia económica de las mujeres en comunidades locales. La posibilidad de cubrir gastos personales de manera directa como recargar saldo telefónico o realizar compras sin depender de sus cónyuges simboliza un avance significativo en su autonomía financiera.
El caso de Karur ilustra cómo la demanda global de datos para modelos de inteligencia artificial está configurando nuevas oportunidades laborales y recalibrando la dinámica de ingresos en el entorno rural indio.
Foto cortesía Envato








