La Viceprimera ministra del Reino Unido, presentó su dimisión luego de que una investigación oficial confirmara que no pagó el impuesto de transmisiones patrimoniales en la compra de una propiedad. El caso, que llevaba semanas en la agenda política, culminó con su salida tras reconocer su error.
La investigación determinó que Rayner incumplió con sus obligaciones tributarias, lo que representó una violación al código ministerial. Aunque la dirigente expresó que no existió intención de evadir impuestos, las conclusiones fueron contundentes al señalar que actuó de manera negligente en sus deberes.
En un comunicado público, Rayner manifestó su “profundo arrepentimiento” y aseguró que debió buscar asesoría fiscal especializada antes de completar la transacción. Pese a ello, la presión mediática y política se intensificó, haciendo insostenible su permanencia en el gobierno.
El primer ministro Keir Starmer aceptó la renuncia y destacó que, aunque Rayner fue una figura clave dentro del gabinete, el respeto a la legalidad y a la ética pública debía prevalecer. También subrayó que su decisión busca proteger la credibilidad del gobierno laborista en un momento de fuerte escrutinio ciudadano.
Con la dimisión de Rayner, se abre ahora un debate interno en el Partido Laborista sobre quién ocupará su puesto y cómo afectará este episodio la confianza del electorado en la gestión de Starmer. Mientras tanto, la oposición ha aprovechado la crisis para insistir en la necesidad de mayores controles sobre los altos cargos del Ejecutivo.
Con información de: The Guardian









