Ante una crisïs demográfica sin precedentes, el sector empresarial de Japón ha comenzado a implementar una medida inédita en las últimas dos décadas: igualar los salarios entre hombres y mujeres. Esta reestructuración responde a la urgente necesidad de atraer y retener el talento femenino para contrarrestar la aguda escasez de mano de obra y garantizar la productividad económica del país. En este contexto, grandes firmas financieras niponas, como la aseguradora Nippon Life Insurance y el banco MUFG, eliminaron formalmente las categorías profesionales administrativas tradicionales, puestos ocupados mayoritariamente por mujeres que percibían apenas entre el 39% y el 50% del salario masculino.
De acuerdo con los datos del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar Social de Japón publicados este año, la remuneración media de las mujeres en 2024 representaba solo el 75,8% de la de los hombres, una brecha que en prefecturas como Tochigi se acentuaba hasta reducir el ingreso femenino al 70%. Esta disparidad estructural posee raíces profundas en el modelo corporativo japonés, caracterizado históricamente por empleos vitalicios y ascensos vinculados estrictamente a la antigüedad para el personal masculino. Por el contrario, la maternidad solía desplazar a las mujeres hacia puestos temporales o de media jornada, generando una caída abrupta en su participación y responsabilidad directiva, un fenómeno técnico conocido como la «curva en L».
La urgëncia de las reformas queda en evidencia tras los análisis del Instituto Recruit Works, que estima un déficit de 11 millones de trabajadores para el año 2040 debido al envejecimiento de la población y el descenso sostenido de la natalidad. Las previsiones institucionales apuntan a que la fuerza laboral disponible en el país se contraerá de 65,87 millones de empleados registrados en 2022 a tan solo 57,67 millones en las próximas dos décadas, haciendo imprescindible aprovechar el potencial femenino. Por ello, las corporaciones se han visto obligadas a reconsiderar sus políticas salariales para ofrecer igualdad en los sueldos, en los ascensos y en las recompensas por antigüedad.
Además de la equiparación de sueldos, las empresas han comenzado a ofrecer medidas de conciliación laboral, como jornadas reducidas y opciones de teletrabajo, para que las mujeres puedan avanzar profesionalmente sin renunciar al cuidado de sus hijos. En ciudades como Tokio, ya se ha implementado la semana laboral de cuatro días con el objetivo de incentivar la natalidad y facilitar el entorno familiar. Las autoridades y analistas prevén que la adopción de estas normativas favorezca a otras regiones del país, permitiendo que más mujeres accedan a empleos estables de alta responsabilidad sin sacrificar su vida familiar.
Con información de Xataka









