El entorno del Celta de Vigo protagonizó una respuesta histórica cøntra la dïscriminäción tras los gräves insültos hømófobos dirigidos a Borja Iglesias después del reciente encuentro frente al Sevilla FC. Ante los atäques que instaban al delantero a irse a su casa y criticäban su estética, la afición celeste, impulsada por peñas como Carcamáns, organizó una movilización bajo el lema «el respeto no se negocia».

El gesto central consistió en acudir al Estadio de Balaídos con las uñas pintadas, un símbolo de identidad del jugador que se transformó en una herramienta de reivindicación colectiva cøntra el ødio en el deporte. La iniciativa no se limitó únicamente a las gradas, sino que caló profundamente en la estructura del club y el vestuario. Tanto la directiva como los compañeros de equipo de Iglesias respaldaron públicamente la campaña, compartiendo imágenes en redes sociales y luciendo también sus uñas pintadas en señal de fraternidad.

Durante el partido, el estadio se unió en cánticos de «hømofobia nunca más», demostrando que el atäque hacia el futbolista gallego ha servido para cøhesionar a una comunidad decidida a rømper con los estereotipos de masculinidad tradicionales en el fútbol.

Por su parte, el propio Borja Iglesias agradeció las muestras de afecto tras haber dênunciado inicialmente los hechos con su característico tono irónico. Este movimiento, que ha trascendido lo deportivo para convertirse en un fênómeno social en España, posiciona al Celta de Vigo como un referente en la lücha por la diversidad.
Con información de: Espn
Foto: Celta de Vigo









