Su sabor dulzón hace que pueda añadirse a preparaciones como un café, unas galletas, un bollo o un yogurt. Sin embargo, este sabor no hace que se excluya de preparaciones saladas pues, precisamente este contraste es el que le aporta el encanto en muchos casos. Así, seguro que alguna vez has comido o visto un plato de berenjena con miel o unas alitas con salsa de miel y mostaza.
Además de ser un alimento, para muchos la miel tiene usos medicinales debido a sus compuestos, según la misma fuente citada: «Es esencialmente una disolución acuosa concentrada de azúcar invertido, que contiene además una mezcla de otros hidratos de carbono, diversas enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales, sustancias aromáticas, pigmentos, ceras, etc».
Gracias ello, tomar todos los días un poco de miel, siempre que no seamos personas diâbéticas, puede aportar beneficios como ayudar a reducir el colęsterol ‘malo’, a reducir los triglicéridos, previene la formación de coágulos de sângre, protege al corazón del ëstrés oxidativo, ayuda a sanar quëmaduras, es antioxidante y, en muchos casos, ayuda a aliviar la tos en los resfriados, así como a suavizar la garganta cuando está irritada.
Además de todo esto, destacan sus efectos sobre la salud hepátïca, es decir, la del hígado. De este modo, la miel ayuda a disminuir los niveles de grasa en le hígado, reduciendo el rïesgo de sufrïr EHGNA o incluso desacelerando la progresión de esta enfêrmëdad para quienes ya la tienen.
Con información de: El Tiempo









