Durante décadas nos han repetido que la limpieza es sinónimo de salud. Nos enseñaron a empezar el día con una ducha y a pensar que oler a jabón era señal de estar “presentables”. Pero el cuerpo humano cambia con la edad , y algunas costumbres por muy higiénicas que parezcan se convierten en un arma de doble filo. A los 65 años, la piel ya no responde igual, y lo que antes era un gesto saludable puede empezar a ser un exceso.

Lejos de promover la dejadez, los expertos están empezando a matizar un mensaje clave, la higiene en la tercera edad debe adaptarse, no automatizarse. Y eso empieza por revisar la frecuencia del baño. Porque en el mundo de la piel envejecida, menos puede ser más.

Expertos como Sylvia Meaume, jefa del Departamento de Geriatría, Heridas y Cicatrización del hospital Rothschild de París y otros especialistas, coinciden en que entre dos y tres duchas por semana son suficientes para mantener una buena higiene en personas mayores que no tengan necesidades especiales. Esta frecuencia permite limpiar la piel sin eliminar en exceso los aceites naturales que la protegen.

En lugar de centrarse en el baño diario completo, los especialistas proponen mantener una higiene localizada diaria, centrada en las zonas que más lo requieren: axilas, pliegues, zona genital y pies. Esto ayuda a evitar problemas como dermatitis, infecciones por hongos o irritaciones sin comprometer la integridad de la piel.

Consejos clave para una higiene segura y respetuosa con la piel madura: agua tibia, nunca caliente, duchas cortas de entre 3 y 5 minutos, jabones suaves lo ideal son productos sin alcohol ni perfumes, y con pH neutro, evitar esponjas abrasivas: mejor usar las manos o paños suaves, secar con suavidad, aplicar crema hidratante tras la ducha, ayuda a mantener la elasticidad y evita grietas.

Con información de: OkDiario

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