Frente a tanta aceleración y a un ritmo de vida tan inmediato, necesito un lugar donde pueda detenerme y aprender a ser un poco más paciente con las cosas. En un mundo marcado por la conectividad constante y la omnipresencia de la inteligencia artificial (IA), cada vez son más los jóvenes que optan por volver a lo analógico.
Mientras la IA avanza sobre aspectos cotidianos desde la escritura y la fotografía hasta la toma de decisiones, crece en paralelo un fenómeno menos visible, pero significativo: el regreso de tecnologías analógicas. Teclados físicos, cámaras sin software inteligente, relojes, cuadernos de papel y dumbphones (celulares «tontos» frente a los smartphones) vuelven a ganar espacio, especialmente entre la generación Z.
Una investigación publicada por W. Zhong y W. Wu en el Journal of Youth Studies en el 2025, concluye que no se trata solo de nostalgia, sino de una ‘búsqueda de identidad’ activa: usar tecnología vieja es una forma que tienen los jóvenes chinos de diferenciarse en una sociedad digitalizada y recuperar el control sobre su propia imagen y su identidad.
En un contexto donde la IA promete eficiencia y velocidad, lo analógico ofrece lo contrario: fricción, lentitud y autoría humana. Escribir a mano, sacar una foto sin filtros automáticos o usar un teléfono sin aplicaciones implica recuperar experiencias menos mediadas. Como resume Lupe, estudiante universitaria que incorporó el uso de algunos de estos dispositivos: “Lo analógico te permite focalizarte en una sola cosa a la vez y reaprender que está bueno enfocarse en una sola cosa”.
En definitiva, lo analógico se consolida como un gesto cultural y simbólico: una forma de reafirmar la experiencia humana en tiempos de automatización creciente y de recuperar el placer de lo lento, lo táctil y lo plenamente vivido.
Con información de: La Nación









