​Chile ha intentado durante décadas reducir su dependencia digital de Norteamérica mediante el proyecto de un cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong. Esta iniciativa, liderada por la estatal China Mobile con una inversión de 500 millones de dólares, buscaba establecer la primera conexión transpacífica directa hacia Asia, evitando pasar por territorio estadounidense, lo cual generó serias alarmas en Washington.

​La reacción de Estados Unidos fue contundente, provocando la anulación de la concesión por parte del ministerio chileno bajo la justificación de un «error técnico». Posteriormente, el Departamento de Estado revocó los visados de altos cargos del sector de telecomunicaciones chileno, argumentando que sus acciones habían comprometido infraestructura crítica y socavado la seguridad regional, afectando gravemente la reputación de los funcionarios implicados.

​El cambio de gobierno complicó aún más el escenario, con la administración de José Antonio Kast enfrentando la difícil tarea de mantener relaciones con China, su principal socio comercial, sin perjudicar los vínculos con Estados Unidos, su mayor inversor extranjero. Aunque inicialmente se descartó el cable chino tras la apuesta por el proyecto Humboldt de Google hacia Australia, fuentes del ejecutivo han reconocido que la propuesta de China Mobile continúa bajo evaluación.

​Expertos en ciberseguridad, como Pedro Huichalaf, defienden la necesidad de esta ruta para crear redundancia digital, mientras que analistas advierten sobre la «trampa geopolítica» que representa depender exclusivamente de infraestructuras vinculadas a acuerdos de inteligencia entre Estados Unidos y sus aliados. Así, el país se encuentra en un complejo dilema estratégico que trasciende lo técnico y se instala en el centro de las tensiones entre las superpotencias globales.

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