El comercio terrestre y ferroviario entre China e Irán experimentó un crecimiento diez veces mayor tras el cerco naval impuesto por la administración de Donald Trump desde el pasado 13 de abril. Ante la imposibilidad de operar con normalidad en sus principales puertos, Teherán activó tres corredores ferroviarios, amplió la capacidad de sus puertos del norte y abrió nuevas rutas logísticas para mantener a flote su economía.
Los avances de esta estrategia fueron detallados por el parlamentario iraní Meisam Zohourian, quien destacó que la nueva infraestructura ofrece una alternativa viable para mitigar la crisis y asegurar la resiliencia del comercio exterior. Aunque la red ferroviaria no sustituye en su totalidad al transporte marítimo, el legislador precisó que cuenta con capacidad técnica para canalizar exportaciones de crudo de entre 300.000 y 400.000 barriles diarios, además de sentar las bases para la futura construcción de oleoductos.
El principal reto del operativo radica en optimizar el retorno de los convoyes, ya que el flujo actual está dominado por las importaciones hacia Irán. Las autoridades buscan incrementar las exportaciones por esta vía para reducir los vagones vacíos en los trayectos de regreso y abaratar los costes operativos.
El fortalecimiento del eje Beijing-Teherán se produce en medio de un contexto de alta tensión militar y económica. Registros aduaneros recientes revelan un constante flujo de carga desde el gigante asiático incluidos insumos electrónicos y piezas de uso militar, consolidando una alianza logística y comercial estratégica que esquiva los controles geopolíticos en el mar.
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