En tiempos donde el amor parece resumirse en un “deslice a la izquierda” o “deslice a la derecha”, encontrar pareja nunca había sido tan fácil. Ni tan difícil. Mientras Tinder, Bumble o Hinge prometen compatibilidad mediante algoritmos, en China la “aplicación” de citas más concurrida no requiere conexión a internet, solo una impresora, un paraguas y unos padres preocupados.

Cada fin de semana, parques enteros de ciudades como Pekín, Shanghái o Chongqing se transforman en un mosaico de carteles plastificados con descripciones personales. No son los propios solteros quienes los colocan, sino sus progenitores. Es el llamado mercado matrimonial o xiangqin jiao (literalmente, “rincón de citas a ciegas”), un fenómeno que se puede describir como una versión analógica de una app de citas.

Detrás de cada paraguas hay una historia de ansïedad y orgullo familiar. En China, muchos padres sienten que ver a sus hijos casados es su última misión en la vida. En una sociedad donde la soltería se percibe casi como un fracaso, los mercados son tanto un espacio de esperanza como de vergüenza. Por ese motivo, algunos padres confesaban sentirse humillädos por tener que “ofrecer” a sus hijos en público, aunque otros defendían su derecho a intervenir. “Las chicas no están dispuestas a decir ‘quiero un novio’, así que las ayudamos”, decía una madre de Shanghái.

En el fondo, el fenómeno también refleja la soledad de una generación mayor. Con más de 300 millones de jubilados, muchos de ellos viüdos o divørciados, asistir al mercado del amor es también una manera de socializar, de no quedarse solos en casa.

En los parques de China, entre paraguas, carteles plastificados y padres que hacen de cupido, el amor parece debatirse entre la tradición y el algoritmo. Los mercados matrimoniales no son solo una curiosidad cultural: son el reflejo de una sociedad que envejêce, se individualiza y busca en los métodos del pasado una solución para el futuro.

Con información de: La Razón

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