Desde hace décadas, China ha apostado a convertir la formación científica y técnica en la base de su avance global. El país asiático ya figura como el principal exportador de graduados en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y hoy refuerza esa apuesta con una estrategia educativa que prioriza la práctica sobre la teoría.

La novedad más reciente proviene del anuncio de que ahora ciertos programas de doctorado prescinden de la tradicional tesis académica. En su lugar, estudiantes de ingeniería pueden optar por presentar desarrollos tecnológicos reales, productos, sistemas, prototipos funcionales, como requisito para obtener el grado de PhD. Esta medida, que ya produjo su primer doctorado práctico válido, abre una vía acelerada para formar especialistas directamente vinculados a las demandas del mercado tecnológico.

El cambio refleja un giro estratégico de Pekín: reducir los cuellos de botella en la graduación de profesionales altamente capacitados, con énfasis en soluciones aplicadas, especialmente en campos clave como la inteligencia artificial, semiconductores y tecnologías emergentes. Este enfoque permite acortar tiempos de formación y al mismo tiempo cerrar la brecha técnica que enfrenta el país frente a bloqueos internacionales o barreras externas, buscando autonomía tecnológica.

Los datos muestran el alcance de esta estrategia: China generaba ya millones de profesionales STEM al año, y con este impulso renovado, su influencia en la ciencia global se amplifica. Con la combinación de volumen, velocidad de formación y vínculo directo con la industria, el gigante asiático consolida su camino hacia convertirse en un líder indiscutible en innovación, IA y desarrollo tecnológico.

Con información de: Xataka

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