China está llevando adelante uno de los proyectos ambientales más ambiciosos del mundo, conocido como la Gran Muralla Verde, que consiste en la plantación masiva de árboles en zonas desérticas del norte del país para frenar la expansión de regiones áridas y combatir la desertificación. Esta iniciativa ha resultado en la plantación de miles de millones de árboles, formando una barrera vegetal que, en conjunto, supera en extensión a países como Italia y transforma terrenos estériles en áreas verdes vibrantes.

El proyecto forma parte del programa denominado Three-North Shelter Forest Program, lanzado en 1978 y que se espera completar en 2050. Su objetivo es crear una extensa red de franjas forestales a lo largo de los territorios más afectados por el avance del desierto de Gobi y otros sistemas áridos, con beneficios ecológicos que incluyen la estabilización del suelo, la reducción de tormentas de arena y la mejora del microclima local.
Con cada trozo de territorio verde que se consolida, se busca proteger no solo el entorno natural, sino también la infraestructura y las comunidades que viven en regiones vulnerâbles. Estas reforestaciones han contribuido a aumentar la cobertura forestal de China de manera significativa en las últimas décadas y han reducido la intensidad de fenómenos como las tormentas de arena en grandes ciudades.
A pesar de los retos propios de plantar millones de árboles en terrenos secos y de mantener la supervivencia de estas plantaciones a largo plazo, la Gran Muralla Verde se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la degrädación ambiental. Su escala e impåctø la sitúan como uno de los esfuęrzos de reforestación más extensos emprendidos por un país para enfręntar el cambio climático y proteger los ecosistemas frente a la desertificación.

Con información de: UNO









