Un equipo suizo lidera un proyecto que fusiona biología y cómputo: cultivan “minicerebros” a partir de células madre humanas para integrarlos con electrodos y generar señales eléctricas que funcionen como unidades de procesamiento vivas. Estas estructuras biológicas, conocidas como organoides neuronales, podrían en el futuro servir como núcleos de sistemas inteligentes que consuman mucha menos energía que los centros de datos tradicionales.

El proceso comienza obteniendo células de piel de donantes anónimos, que luego se reprograman en neuronas capaces de organizarse en agrupaciones funcionales. Tras meses de cultivo en laboratorio, estos organoides se conectan a circuitos electrónicos simples para responder a estímulos eléctricos básicos: aunque no tienen la complejidad cerebral humana, sí muestran potenciales de actividad detectables como si fueran sistemas en miniatura.

Mantener estos “wetware” como algunos científicos los denominan plantea enormes desafíos. Carecen de redes vasculares, por lo que nutrirlos y prolongar su vida útil es complejo. En experimentos recientes sus células han resistido hasta cuatro meses, aunque en momentos finales muestran picos de actividad eléctrica antes de morir, fenómeno aún sin explicación clara.

Aunque esta tecnología se encuentra en fase temprana, ya existen aplicaciones exploratorias: algunas neuronas creadas en laboratorio han sido capaces de jugar un videojuego rudimentario, y otros equipos las utilizan para estudios en neurociencias, como modelos para Alzheimer o autismo. Los investigadores no vislumbran un reemplazo del silicio, sino una colaboración que combine lo biológico y lo artificial para funciones especializadas de computación.

Con información de: BBC

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