Investigadores han encontrado evidencia de una masa de agua muy salada que existió hace unos 18 000 años y que tuvo un papel importante en enfriar el planeta al final de la última glaciación. Esta agua profunda atrapaba dióxido de carbono, lo que reducía la cantidad de este gas en la atmósfera y ayudaba a mantener temperaturas más bajas.

El hallazgo se realizó estudiando microfósiles y sedimentos marinos, que guardan información sobre la salinidad del océano en el pasado. Los científicos notaron que, durante ese periodo, el agua más salada se hundía en el océano, llevando consigo el carbono lejos de la superficie.

Durante las épocas frías, la circulación del océano era más lenta, lo que permitía que el agua densa y salada permaneciera en las profundidades por mucho tiempo, manteniendo el clima más fresco.

Este proceso muestra cómo los océanos han regulado históricamente la temperatura del planeta. Cuando el clima comenzó a calentarse, la circulación oceánica se aceleró y parte del dióxido de carbono atrapado volvió a la atmósfera, lo que contribuyó a que subieran las temperaturas al final de la glaciación. Este descubrimiento ayuda a entender cómo los océanos afectan los cambios climáticos.

Los científicos destacan que conocer cómo funciona la salinidad del océano es clave para comprender el almacenamiento de carbono hoy en día y cómo esto puede influir en el clima del futuro. El estudio revela la importancia de los océanos para mantener el equilibrio climático del planeta.

Con información de: National Geographic

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