​Un excelente ejemplo del valor que esconden estas piezas olvidadas es el caso de NWA 12774, un fragmento de meteorito que fue hallado en el año 2019 en la inmensidad del desierto del Sáhara. Gracias a su recuperación y posterior resguardo, un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder ha logrado extraer datos sumamente interesantes sobre los primeros albores del Sistema Solar. El estudio detallado de este objeto demuestra cómo una sola roca rescatada puede convertirse en la llave para abrir una ventana directa hacia el pasado más remoto de nuestro vecindario galáctico, evitando que datos cruciales queden engavetados para siempre.

​Mediante el riguroso análisis de la composición química y mineral de este meteorito, sumado al desarrollo de complejas simulaciones computacionales, los científicos han podido reconstruir una impresionante historia espacial. Los resultados de la investigación permitieron establecer que NWA 12774 debió ser un fragmento perteneciente a un antiguo protoplaneta en formación, cuyo tamaño era similar al de la Luna o Marte. Este cuerpo celeste primitivo, que se perfilaba para convertirse en un vecino estable de la Tierra, lamentablemente no logró consolidar su estructura definitiva y se fragmentó en las etapas iniciales de nuestro sistema.

​La reconstrucción histórica indica que hace aproximadamente 4.500 millones de años, este joven planeta en desarrollo se descompuso en millones de escombros flotantes, posiblemente tras sufrir una colisión catastrófica con otro objeto celeste de gran masa mientras giraba en su órbita alrededor del Sol. Los restos de aquel violento impäcto quedaron dispersos en el espacio profundo durante miles de millones de años, hasta que una pequeña fracción de ese mundo früstrado terminó cruzando la atmósfera terrestre para impactar en el Sáhara, recordando a los expertos que el universo está lleno de mundos perdidos que aún esperan ser identificados.

Con información de xataka.com

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