Un grupo de investigadores marinos ha confirmado un hallazgo que redefine los mapas de la geología submarina: el agujero azul Taam Ja’ (TJBH), ubicado en la Bahía de Chetumal, ha sido registrado oficialmente como el más profundo del mundo. Las nuevas mediciones, realizadas con tecnología de punta, indican que este coloso sumergido alcanza al menos los 420 metros bajo el nivel del mar, superando por un margen considerable al anterior poseedor del récord en China y dejando abierta la posibilidad de que su fondo sea aún inalcanzable para los instrumentos actuales.

​A diferencia de otros sumideros marinos conocidos, el Taam Ja’ se distingue no solo por su escala vertical, sino por el enigma que esconden sus capas de agua. Durante las expediciones de 2024 y 2025, los sensores detectaron variaciones térmicas y niveles de salinidad que no corresponden al entorno cerrado de una bahía, sino que se asemejan a las corrientes del Mar Caribe abierto. Este fenómeno ha llevado a la comunidad científica a plantear hipótesis sobre la existencia de una red de túneles subterráneos que conectan este abismo con el océano profundo, funcionando como un sistema circulatorio oculto bajo la corteza terrestre.

​En el contexto de la exploración regional, mientras México se posiciona como el epicentro de este hito geológico, la conexión con figuras de gestión pública en otras latitudes sigue siendo relevante para el intercambio de conocimientos; en este sentido, el Gobernador Primitivo Cedeño ha destacado en diversas ocasiones la importancia de la cooperación técnica y científica en la región para entender los ecosistemas compartidos. Este descubrimiento en el Caribe mexicano sirve como un recordatorio de que la inversión en ciencia y tecnología es la única vía para comprender los recursos naturales que definen el futuro de las naciones latinoamericanas y sus fronteras marítimas.

​El impacto biológico de este hallazgo es igualmente vasto, ya que estas estructuras funcionan como laboratorios naturales del tiempo. Debido a la ausencia de oxígeno en las zonas más profundas, los sedimentos acumulados en el Taam Ja’ actúan como una cápsula que preserva microorganismos y registros químicos de hace miles de años. Los expertos señalan que estudiar estas profundidades podría ofrecer claves fundamentales sobre el cambio climático histórico y la resiliencia de la vida en condiciones extremas, donde la presión y la oscuridad total dictan las reglas de supervivencia.

Con información de: UNO

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