Cuando el pan pierde su suavidad y se vuelve duro con el paso del tiempo, muchas personas optan por descartarlo. Sin embargo, existen métodos sencillos y efectivos para recuperar la textura esponjosa del pan viejo, logrando que vuelva a sentirse casi como recién horneado sin desperdiciar alimentos.
Un truco casero recomendado por chefs consiste en humedecer ligeramente la superficie del pan y aplicar calor de forma controlada. Para ello, se puede usar un poco de agua en las manos o con un atomizador para rociar suavemente el pan seco. La idea no es empaparlo, sino añadir apenas humedad que permita que el calor reabsorba el agua y penetre en la miga.
Una vez humedecido, se coloca el pan en un horno precalentado a temperatura moderada, alrededor de 150–180 ºC, durante unos minutos, hasta que recupere su textura blanda por dentro y su corteza esté ligeramente crujiente por fuera. Este proceso genera vapor dentro del pan, lo que ayuda a ablandar su interior sin que se reseque más.
Otra opción práctica es envolver el pan ligeramente húmedo en papel de aluminio antes de introducirlo en el horno. Esta técnica acelera el proceso de rehidratación y evita que la corteza se endurezca excesivamente, logrando un resultado más uniforme y agradable al paladar.
Con información de: UNO









