Lograr que un huevo cocido quede con la yema justo en el centro y, además, que su cáscara se desprenda sin problemas, no es cuestión de suerte: con unos simples pasos se puede alcanzar un resultado consistente y limpio. Un reciente artículo de opinión gastronómica recomienda un método sencillo y libre de trucos innecesarios para conseguir huevos cocidos perfectos.
El método correcto: agua fría, cocción controlada y baño helado
- Coloca los huevos directamente en un recipiente con agua fría. El agua debe cubrirlos por completo.
- Lleva el agua a ebullición y, una vez que hierva, reduce el fuego para mantener un hervor suave. Desde ese momento cuenta el tiempo dependiendo del punto deseado:
4 minutos para huevo “a la copa” (yema líquida),
6 minutos para clara cuajada y yema semi-cremosa,
Más tiempo (8–10 min aprox.) para huevo duro con yema firme.
- Al acabar la cocción, retira inmediatamente los huevos y sumérgelos en agua fría o con hielo. Este choque térmico detiene la cocción y facilita que la membrana interna se separe de la cáscara.
Este procedimiento ayuda a que la yema se mantenga centrada y evita roturas internas o grietas en la cáscara.
Una vez fríos, golpeâ suavemente el huevo sobre una superficie firme para agrietar la cáscara en varios puntos; luego ruédalo con la palma de la mano para soltarla. Pelarlos bajo un chorrito de agua fría también ayuda.
Por qué evitar sal o vinagre desde el inicio
Aunque es común añadir sal o vinagre al agua de cocción con la esperanza de proteger la cáscara o facilitar el pelado, lo cierto es que según el artículo original no son necesarios para lograr buenos resultados, y pueden alterar innecesariamente el sabor o la textura del huevo.
Con información de: El Economista









