Alrededor de 170 delegaciones nacionales, líderes internacionales, reyes y reinas asisten al funeral papal. Muchos observadores esperan que el último adiós, más que un momento de recogimiento, se convierta en una ocasión para intercambios políticos informales entre líderes.

Los intercambios políticos directos entre dirigentes en tales circunstancias imponen acrobacias diplomáticas, protocolarias y logísticas.

Las multitudes, los desplazamientos y los tiempos ajustados, todo se complica en el entrelazamiento de las diplomacias italiana y vaticana, afirma el embajador Ferrara: «no es fácil gestionar los intercambios y las comunicaciones entre las representaciones diplomáticas en Roma de la Santa Sede y del Estado italiano, ni para las delegaciones que vienen del extranjero y a menudo permanecen sólo unas horas».

En esta precisa circunstancia, a nivel organizativo, la diplomacia de las condolencias podría verse favorecida por los vínculos establecidos por un Papa como Francisco, que ha creado una simbiosis entre la acción religiosa y pontificia, y las grandes cuestiones políticas de nuestro tiempo, el medio ambiente, los conflictos bélicos y las cuestiones sociales a escala mundial.

Con información de: EuropaPress

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