Cuando un perro se queda solo en casa y comienza a llorar o mostrar conductas destructivas, está experimentando ansïedad por separación. Esta situación aparece con frecuencia cuando cambia la rutina, como volver al trabajo o mudarse. Con algunas estrategias simples, se puede ayudar al perro a sentirse más tranquilo y seguro.
Los síntomas más comunes incluyen llanto, ladridos o aullidos constantes, que a menudo empiezan apenas se cierra la puerta y pueden durar horas. También pueden morder zapatillas, patas de muebles o almohadones, y hacer sus necesidades adentro, incluso si ya estaban acostumbrados a salir. En casos gräves, intentan escapar rascando puertas o ventanas y pueden perder el apetito o vomitar, ya que la angustia afecta su cuerpo.
Para ayudar al perro a manejar la ansïedad, es recomendable aplicar estas técnicas: Desapego progresivo: salir por pocos minutos y volver varias veces al día para que entienda que la partida no es definitiva. Actividad física: paseos o juegos previos a quedarse solo para liberar energía y favorecer la relajación. Juguetes interactivos: que estimulan mentalmente y distraen.
Música suave: volumen moderado para generar sensación de compañía y disminuir el impacto del silencio. Feromonas tranquilizantes: difusores que emiten un olor que remite a la tranquilidad de estar con la madre. Espacios seguros: cerrar puertas, proteger balcones y ventanas, y evitar zonas peligrosas para el perro.
Un estudio científico reveló la verdadera razón detrás de las lágrimas en los perros. Aunque para muchas personas sus ojos llorosos reflejan tristeza, los perros no derraman lágrimas por emociones como los humanos. Los perros producen lágrimas basales, que mantienen húmeda la córnea, y lágrimas reactivas, que aparecen cuando los ojos están irritados. A diferencia de los humanos, sus conductos lagrimales no permiten que las lágrimas goteen.
El lagrimeo puede indicar alergias, daño ocular, cuerpos extraños, infecciones o problemas serios como ulceración corneal, uveítis o glaucoma. Razas braquicéfalas suelen tener obstrucción del conducto lagrimal, causando lagrimeo constante. Si observás lágrimas excesivas en tu perro, es fundamental consultar a un veterinario para descartar problemas.
Con información de: La Nación









