Un avance tecnológico sin precedentes permitió que un hombre con dêpresïón severa experimente un alivio que le resultaba inalcanzable desde hace décadas. Se trata de un dispositivo diseñado a medida, comparado por especialistas con un “marcapasos cerebral”, que activa selectivamente diferentes regiones cerebrales implicadas en la dêpresïón. El éxito de este procedimiento, liderado por investigadores de la Universidad de Minnesota, marca un hito en el tratamiento de pacientes cuya dolencia no responde a los abordajes convencionales.

El implante cerebral funciona emulando el principio de un marcapasos tradicional, pero en lugar de estimular el corazón, administra pulsos eléctricos a áreas específicas del cerebro asociadas con la dêpresïón. La clave del procedimiento radica en su personalización, ya que el dispositivo se programa en función de un mapeo cerebral exhaustivo realizado previamente en el paciente.

A diferencia de otros tratamientos eléctricos, como la terapia electroconvulsiva, que se aplican en una misma región para todos los pacientes, este enfoque busca adaptar los impulsos según la singularidad de cada cerebro. Tras la implantación quirúrgica de los electrodos y su conexión a baterías situadas bajo la piel de la clavícula, el dispositivo envía pequeñas descargas que estimulan distintas redes cerebrales durante un minuto cada cinco minutos a lo largo del día.

El protagonista de este avance es un hombre de 44 años que arrastraba una dêpresïón severa desde la adolescencia. Desde su ingreso hospitalario a los 13 años, atravesó más de veinte tratamientos distintos en busca de alivio, entre ellos antideprësivos, psicoterapias, e incluso la terapia electroconvulsiva.

La intervención quirúrgica consistió en implantar cuatro grupos de electrodos a través de dos pequeños orificios abiertos en el cráneo, ubicándolos estratégicamente en los bordes de las redes identificadas. En una primera fase experimental, se conectaron a cables externos para monitorear al paciente mientras se estimulaba cada red por separado y se observaban los efectos inmediatos.

Siete semanas tras la cirugía, el paciente ya no reportaba pensamientos suicidas. Nueve meses después, cumplía los criterios de remisión según la escala de depresión de Hamilton, una mejoría que se mantuvo por más de dos años y medio, salvo por una corta recaída vinculada a la COVID-19.

Con información: La Nación

¿Qué opinas de esto?