Entre las más conocidas está el ronroneo felino, que aparece cuando se sienten seguros y cómodos durante las caricias. También es habitual que levanten la cola y la muevan suavemente, un gesto que, acompañado de un roce, confirma su cercanía emocional. Reconocer estas conductas ayuda a interpretar su forma silenciosa de comunicarse.
Otros comportamientos frecuentes que indican cariño son amasar con las patas, una acción que recuerda el impulso que tenían de crías para estimular la leche materna, y el clásico frotamiento de cabeza, con el que depositan feromonas sobre quienes consideran parte de su entorno seguro. A esto se suma el parpadeo lento, una señal que los etólogos comparan con un “beso felino” por la calma que transmite. También muestran afecto a través de lamidos y mordisquitos suaves, siempre sin presión, que evidencian juego y confianza plena. Cada gesto contribuye a consolidar un vínculo estable entre felino y humano.
El gesto más revelador, según los especialistas, aparece cuando el felino se tumba boca arriba y muestra la panza en señal de vulnerabilidad, postura que solo adoptan ante alguien en quien confían plenamente. Estas conductas, aunque diversas, forman parte del lenguaje corporal felino, que permite leer con claridad su afecto cotidiano.
Sin embargo, la ausencia de estas demostraciones puede indicar que algo no va bien. Si un gato deja de interactuar, evita el contacto o se muestra apático, los veterinarios advierten de que podría sufrir malestar físico o la presencia de parásitos internos o externos. Ante cualquier cambio de conducta, recomiendan acudir a una revisión para descartar problemas de salud y garantizar su bienestar.
Con información de: La Nación









