Tomar un antibiótico parece sencillo, pero hacerlo mal puede aumentar los efectos secundarios e incluso reducir su eficacia. Expertos explican qué hábitos marcan la diferencia desde cómo tomar cada fármaco hasta qué comer y qué evitar para minimizar las posibles molestias digestivas derivadas de su toma, y proteger la micrøbiota durante el tratamiento.

José María Molero es médico de familia y experto del Grupo de enfêrmêdades infecciøsas de semFYC, y destaca que para minimizar las molestias digestivas al iniciar un antibiótico, algo habitual, hay varias estrategias útiles. Subraya que sí que es cierto que tomar el antibiótico con comida puede ayudar a reducir náuseas, dolor abdominal, y molestias gástricas, pero depende del fármaco; pero otros, como la azitromicina o la ciprofloxacina, deben tomarse en ayunas porque la comida reduce su absorción y, por tanto, su efectividad.

El doctor Molero recuerda así que el papel de los probióticos durante o después del tratamiento con antibióticos ayuda a disminuir el riesgo y la duración de la diârrea asociada a antibióticos: «Estudios actuales muestran que la administración de probióticos, especialmente de cepas como ‘Lactobacillus rhamnosus GG’ y de ‘Saccharomyces boulardii’, reduce la incidencia de este tipo de diârrea tanto en adultos como en nïños. La reducción relativa del rïesgo, que oscila entre el 33% y el 45%, implica que el rïesgo de presentar diarrea se reduce aproximadamente entre un tercio y la mitad en quienes toman probióticos frente a quienes no los utilizan».

Con información de: La Web de la Salud

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