El cerebro nota rápidamente la ausencia de azúcar, lo que lleva a una disminución en la liberación de dopamina en cuestión de días, esto según los estudios realizados por científicos en la materia, quienes señalan que este ajuste inicial puede causar irritabilidad y antojos, pero al final de la primera semana, el cerebro comienza a recuperar la sensibilidad a la glucosa, y la sensación de saciedad se vuelve más precisa.

Para la cuarta semana, las personas reportan una mejora en la concentración, un sueño más profundo y una reducción de la niebla mental, con el tiempo la disminución del azúcar normaliza la respuesta del cerebro a los alimentos, facilitando elecciones más saludables.

Además, los marcadores de neuroinflamación, que están relacionados con dietas altas en azúcar, disminuyen, protegiendo así la memoria y el aprendizaje. El equilibrio entre las bacterias intestinales y el cerebro mejora, promoviendo un mejor estado de ánimo.

Eliminar el azúcar durante 30 días puede conducir a una mejora del 25% en la sensibilidad a la insulina, reduciendo los picos de glucosa dañinos.

También demuestran disminuciones rápidas en la grasa hepática, una presión arterial más baja y un sueño más reparador. Además, la piel se beneficia de una menor rigidez del colágeno, y el cerebro está protegido del deterioro cognitivo debido a una menor neuroinflamación.

Con información de: Clarín

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