La sensación de sentirse limpio es muy agradable, por eso intentamos prolongarla el máximo tiempo posible, aunque no siempre sea sencillo o después de hacer ejercicio y antes de poder darnos otra ducha. El uso del desodorante se ha convertido en la mejor herramienta para evitar malos olores o que estos sean excesivos, incluso en esos momentos en los que no podemos evitar sudar. Sin embargo, no somos conscientes de que hay ciertos errores que tendemos a cometer y que reducen su eficacia.
Aplicarlo en estos tres momentos que señala hace que el producto pierda eficacia, por lo que no estaríamos empleándolo de la forma correcta, haciendo que los resultados no sean los mejores. Lo mejor para que el desodorante funcione es «aplicarlo sobre la piel limpia y seca, por ejemplo, por la mañana, para que los principios activos actúen como deberían». También suele recomendarse aplicarlo por la noche, para que el producto se absorba mejor. Si sientes que debes reaplicarlo, lo mejor es hacerlo tras limpiar la superficie y una vez que la piel quede seca.
Somos conscientes de que el desodorante no funcionará si no lo aplicamos o aplicamos poco, pero tampoco será del todo eficaz si lo aplicamos en exceso. Por eso es importante saber que, en caso de los desodorantes en roll on, conviene aplicarlos realizando movimientos circulares un par de veces. Si es desodorante en stick, debe pasarse dos o tres veces de arriba hacia abajo.
En el caso de los desodorantes en aerosol, lo mejor es agitarlo bien para que se mezclen sus componentes y pulverizarlo a unos 15 centímetros de la piel (no sobre la ropa), con una o dos pulverizaciones será suficiente. Hazlo con cuidado, evitando respirarlo y, sobre todo, el contacto con los ojos.
Con información: La Nación









