El cortisol, a menudo llamada la «hormona del estrés», es vital para el funcionamiento del cuerpo, regulando el metabolismo, controlando el azúcar en la sangrë y modulando la respuesta inmune. Producida por las glándulas suprarrenales, su liberación aumenta en momentos de tensión física o emocional, ayudando al organismo a manejar estas situaciones.

Sin embargo, niveles crónicamente altos de esta hormona se han asociado con diversos problemas de salud, como el aumento de peso, hipertensión, insomnio y un sistema inmunológico debilitado. Aunque se sabe que el estrés y la ansiedad son los principales impulsores del aumento del cortisol, la relación entre la dieta y la producción de esta hormona es un factor que a menudo se pasa por alto.

Investigaciones recientes han destacado que ciertos alimentos pueden contribuir a elevar los niveles de cortisol, especialmente cuando se consumen de manera regular y en combinación con otros factores estresantes. Entender esta conexión es crucial para quienes buscan manejar su bienestar de manera integral.

Entre los alimentos y patrones dietéticos que pueden impactar negativamente se encuentran los azúcares refinados y los carbohidratos simples, como los dulces, pasteles, refrescos y el pan blanco. El consumo frecuente de estos productos puede causar picos y caídas en los niveles de glucosa en la sangrë, lo que a su vez puede provocar un incremento en la producción de cortisol. Estos desequilibrios pueden exacerbar los efectos del estrés en el cuerpo, creando un ciclo perjudicial para la salud.

A medida que continuamos explorando la compleja interacción entre el estrés, la dieta y la salud hormonal, es cada vez más evidente que una alimentación consciente puede ser una herramienta poderosa para mantener el equilibrio interno y mitigar los efectos perjudiciales del cortisol elevado.

Con información de: La Vanguardia

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